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El mejor regalo posible

Hoy celebro mi 23º cumpleaños con el sueño cumplido de haber ganado en Jerez en MotoGP. Hace ocho años, debuté en el Mundial en este mismo circuito y, como regalo de los 15, conocí a mi ídolo, Max Biaggi. Ha pasado mucho desde entonces y ahora estoy líder de la categoría reina, aunque eso es una anécdota a estas alturas. De la carrera del domingo también quiero destacar a Dani Pedrosa que, al igual que yo, es candidato al título de este año.

El mejor regalo posible

Hoy es mi cumpleaños. A pesar de que soy joven, prefiero no pensarlo demasiado porque siempre que lo hago me deprimo. No me gusta mucho cumplir años, la verdad, y eso que sólo son 23. En cualquier caso, me he dado el mejor regalo de cumpleaños de toda mi vida: ganar en Jerez en MotoGP, porque ya lo había hecho en 250cc. La carrera de Jerez siempre ronda mi cumpleaños y para mí ganar aquí como piloto de MotoGP era un sueño.

Los 15, también aquí. El viernes de 2002 tenía 14 años y no me dejaron salir a los entrenamientos. Tuve que esperar al sábado para debutar, que era cuando cumplía los 15. Era un niño muy ambicioso, con muchas ganas de salir a pista y que sólo había ganado algunas carreras del Europeo, pero Derbi se fijó en mí y pude debutar a esa edad en el Mundial. Todo me venía muy grande, aunque sí tenía el nivel y mentalmente estaba preparado para luchar con los pilotos de la categoría. Poco a poco me fui adaptando a la Derbi, que era una moto difícil y no demasiado competitiva, pero conseguí un séptimo puesto en Brasil que me hizo feliz. Al año siguiente, ya logré ganar carreras. Me consolidé en 2004, fui a dos y medio en 2005 y la temporada siguiente gané el primer título en esa cilindrada, repitiendo en 2007. Ha pasado mucho desde entonces, pero me acuerdo de un regalo de ese 15º cumpleaños. Fue conocer a mi ídolo, Max Biaggi. Me llevaron a su motorhome y para mí fue un momento muy especial. Hablamos diez minutos y no sé qué me dijo de Valentino…

Primero en la general. Ahora me encuentro líder de MotoGP, por cuatro puntos. El año pasado, cuando fui primero, lo estuve con menos ventaja que ahora, pero esto sólo es una anécdota a estas alturas. En realidad, me alegra más haber podido hacerlo mejor de lo que lo hice el año pasado en Jerez. Aquella carrera fue parecida a la del domingo, pero entonces sobrepasé el límite permitido y ahora he sabido ir rápido sin hacerlo. Vi la victoria posible cuando pasé a un ritmo de 40 bajos y por fin me encontré con Valentino un segundo por delante de mí. No sabía cómo iba a pasarle, porque frena muy bien, y tampoco cómo me apañaría con Dani, pero piloté a tope y lo conseguí.

El truco. Lo que funcionó fue combinar la mantequilla acompañada con el martillo, aunque al principio no había ninguna de las dos cosas. La mantequilla, ya sabéis, es a lo que yo llamo ser fino, y el martillo, ser constante como uno pilón. A la hora de pasar, lo que valió fue ir más rápido que los demás. En Barcelona entreno mucho el mantener un ritmo fuerte y mejorar vuelta a vuelta aunque los neumáticos se vayan gastando. Lo hago combinando tierra y asfalto, aunque no quiero dar muchas pistas…

El duelo con Pedrosa. Dani y yo ya habíamos peleado antes, pero jamás tan al final de la carrera en MotoGP. Me cuenta Mela que es la primera vez que dos españoles luchamos por el triunfo en la clase reina en la última vuelta. Eso es bueno. Siempre defiendo mucho el nivel de los pilotos españoles, porque tenemos mucho talento y mucho método y tanto él como yo somos candidatos al título. El duelo de Jerez fue el más fuerte que hemos tenido en MotoGP y este circuito es lo máximo para nosotros. Pedrosa estuvo muy valiente y no me dejó ganar con facilidad. Lo intentó de todas las maneras y creo que cuando quise adelantarle por fuera, forcé una acción un poco peligrosa. Él soltó los frenos para que no le pasara y yo hubiera hecho lo mismo de estar en su lugar. Un poco antes, en ‘Dry Sack’, también intenté pasarle sin éxito y nos tocamos un poco también en esa acción. Al acabar la carrera, le vi contento. Pensaba que no lo estaría tanto y me felicitó con una sonrisa. Por eso, en el podio reconocí su esfuerzo y su carrera levantando su mano ante la afición. Somos pilotos que nos jugamos el pellejo a 300 por hora, dos compatriotas que, sin ser amigos, somos del mismo país, así que me salió de dentro reconocer sus méritos.

La celebración. Estaba tan concentrado en la carrera que ni oí a la gente gritar, pero en la vuelta de honor poder subirme a los neumáticos y levantar los brazos ante unos aficionados que me gritaban como bestias fue flipante. Eso sólo lo puede sentir un piloto que haya ganado en MotoGP en Jerez. Y de la celebración en el lago, confesar que la pensamos el jueves mientras dábamos una vuelta en scooter por el circuito. Ya sabía el peligro que asumía y que me costaría salir del agua, porque con el mono y el casco no podría nadar, pero imaginaba que alguna persona habría por ahí para impedir que me ahogase. Menos mal…

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